BRILLEMOS JUNTOS
- redesycultura
- 3 sept 2019
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 17 sept 2019
Abrí los ojos, miré el techo y comencé a observar a mi alrededor, el sol inundaba mi ventana por completo así que conecté mi vieja grabadora y del otro lado escuché una voz diciendo: "Son las 11:33 de la mañana y el día de hoy 29 de marzo estamos a veintitrés grados, tenemos un día maravillosamente soleado, quédate en tu programa favorito, no te despegues".
¿29 de marzo? ¡Por fin hoy es el día! Hoy conoceré al chico misterioso con el cual he pasado los mejores meses de toda mi vida, las mejores llamadas por teléfono y por supuesto las mejores risas. No podría estar más feliz, después de soportar toda una vida siendo invisible para las personas de mi escuela, una carga para mi madre y una perdedora para toda mi familia.
La vida me cambió un día de esos que no esperas nada más que desaparecer para todo el mundo y ponerte los audífonos, leer posts, ver videos, ¡yo que sé! todo menos estar en lo “real” de la vida... un día de esos lo encontré a él.
Todo comenzó hace casi un año cuando me llegó un extraño mensaje a mi correo: “No puedo esperar para verte brillar pequeña Lea, te he observado y tienes cualidades únicas. Quedo atento”. Primero creí que era un correo spam de alguna tienda promocionando un nuevo libro o algo parecido pero me quedé pasmada cuando debajo de ese texto había una foto mía leyendo “¡Buenos días princesa!” de Blue Jeans en la biblioteca principal.
¿Pequeña Lea? ¿Quién se cree este chico? Tengo 18 años, próxima a ir a la universidad, cariño, ¿a quién pretendes llamar pequeña?. Los correos continuaron pero no había ningún cabo suelto para poder descubrir su identidad, es entonces que decidí escribirle y comenzaron nuestras largas pláticas y risas sin medida, él parecía comprender todo lo que el mundo había ignorado en mi. Estaba decidida y ansiosa por conocerlo, ya habían sido muchísimas noches en vela leyendo sus mensajes así que sin titubear le pedí que me diera su teléfono a lo cual él accedió.
“No temas Lea, es sólo un chico”, prácticamente pasé una hora y media repitiendo esto en mi cabeza tratando de derribar todos los miedos o situaciones imaginarias que en mi cabeza acababan en tragedia, entonces tomé mi teléfono y marqué. Del otro lado contestó la voz que parecía un sueño… ni tan masculina, pero lo suficientemente perfecta para calmar mis nervios: “Habla Benjamín”, por fin pude saber su nombre y así pasaron prácticamente 8 meses de llamadas por teléfono hasta que una ocasión, de su propia boca salieron las palabras tan esperadas: “Veámonos pronto hermosa…”
Semanas después, mientras estaba recogiendo mis libros en la biblioteca, un avión de papel golpeó mi cabeza, primero lo ignoré pensando que había sido algún tonto de mi salón que solo quería molestar, pero al voltear a mi alrededor y ver que no había nadie me pareció sospechoso así que lo leí... Mi corazón comenzó a latir de una manera alterada y cuando lo abrí, me encontré con una nota: “Te veo el viernes 29 de marzo a la 1 p.m en el parque cercano a la escuela, hermosa. Con cariño, Benjamín”.
Y así es como hoy me encuentro sentada en este parque, con los nervios a todo lo que da, esperando a “Benja”, como le digo de cariño. Es la 1:30 de la tarde y aunque no ha llegado, imagino todo lo que por fin podré decirle cara a cara, necesito abrazarlo y decirle que lo que me escribió en su primer mensaje ya era real, hoy, Lea García podía brillar gracias a él.
Así pasaron los minutos, las horas, pero yo creía en él, algo me decía que debía esperar hasta verlo llegar... pero no pasó. Aproximadamente a las 3 de la tarde ruidos de ambulancias cercanas al parque interrumpieron mis pensamientos, en alguna de las orillas de este gran parque se escuchaba un alboroto, pero yo sólo pensaba en él… Así que cercano a las 9 p.m y tras hacerle más de 18 llamadas, me levanté y fui a casa…
Es entonces que el fin de semana se volvió gris, ni mis llamadas, ni mis mensajes eran contestados, mucho menos mis correos, todo indicaba una cosa, Benjamín había descubierto lo que soy: una perdedora y nadie querría pensar siquiera estar con una persona como yo, así que lo único que se me ocurría es que el lunes a primera hora me pararía en medio de la plaza del estudiante y gritaría a todo pulmón: “¡Benjamín, sin saber quien eres puedo decir que eres un cobarde porque realmente me gustabas y no llegaste para poder decirlo!”. Llorando amargamente cerré mis ojos y dormí.
Hoy es lunes primero de abril, 7:30 de la mañana y mientras estamos cantando el himno nacional por mi cabeza sólo pasaba un pensamiento: “¿Qué hago aquí?”, Mi vida parece haber vuelto a estar sin color, lo echo tanto de menos. ¿Qué es eso tan malo que hay en mi como para que la gente no quiera estar cerca?, con Benjamín había abierto mi corazón como nunca antes lo había hecho… De repente la voz del director interrumpió mis pensamientos al dar este anuncio frente a toda la escuela.
“Queridos alumnos, el día de hoy queremos pedirle a todos ustedes que junto con nosotros en solidaridad con la familia del joven estudiante Benjamín Aguirre Cervantes, quien desafortunadamente perdió la vida el pasado viernes en el parque Lincoln, guardemos un minuto de silencio en agradecimiento por su vida y su fervor labor al club de ajedrez”.
Cuando escuché el nombre de Benjamín, sentí ese viejo dolor en el pecho, ese mismo maldito dolor que sentí cuando murió papá. No podía creer lo que estaba escuchando, mi único amigo y el chico de mis suspiros se había ido para no volver. Enseguida, vino a mi mente un cargo de culpabilidad por haber deseado que me pidiera quedar en algún sitio. Y así pasaron los días, las semanas, extrañando su risa, sus ocurrencias y extrañando a esa Lea que pudo brillar gracias a que él existía.
Meses después, mientras comía en la hora de receso, días antes de mi graduación de prepa, se acercó una chica con unos ojos increíbles… me observó de la cabeza a los pies y me dijo: “Mírate ¿Y cómo no ibas a traerlo loco?”, yo no entendía nada de lo que decía hasta que tomó mi mano y me dijo: “La tarde del accidente, después de entregarnos sus cosas, encontramos este papel en su cartera”. El papel decía: “Brillemos juntos pequeña Lea”.
Mis ojos no pudieron dejar de desprender lágrimas, y es así como ahora puedo entender que los grandes regalos de esta vida no son todos eternos, que hay gente que sin verlo un sólo día, puede hacerte brillar cuando ni tú mismo crees en ti. Benjamín había sido esa estrella fugaz que sólo ves una ocasión en el cielo oscuro llamado vida.
El tiempo ha pasado y el dolor no desaparece pero lo intento cada día... por eso, hoy brillo por ti.
Por: Monreal Villegas




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